JOSÉ MARÍA ROSA

ESPÍRITU DE LA TIERRA

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"Martín Fierro" de Hernández

 

El poema "Martín Fierro" además de la elegía del gaucho tiene un claro simbolismo político. José Hernández acabó de darle forma en 1871 en un hotel de Buenos Aires después de una trashumante vida de periodista y guerrillero. Criado en la estancia de su familia, abrazó con posterioridad a Caseros la causa federal; escribe en La Reforma Pacífica de Calvo, y tras Pavón en diarios de Rosario y Paraná; es paraguayista cuando la guerra del 65, actua junto a Evaristo López en Corrientes, y en 1870 toma campo por López Jordán.

 

Martín Fierro es la "relación / que hace un gaucho perseguido / que padre y marido ha sido / empeñoso y diligente / y sin embargo la gente / lo tiene por un bandido".

Es un poema político. Hernández lo dice: "… mis cantos son / para los unos sonido / y para los otros… intención". Aunque sabe "que es pecado cometido / el decir ciertas verdades…, / he de decir la verdad / de naides soy adulón / aquí no hay imitación / esto es pura realidá".

 

En la vida del hijo segundo de Martín Fierro, el poeta sintetiza la historia argentina. Alude a la independencia al decir: "Falta el cabeza primario / y los hijos que el sustenta / se dispersan como cuenta / cuando se corta el rosario"; al tiempo de los caudillos cuando una vieja parienta "me recogió a su lado / allí viví sosegado / y de nada carecía". Pero lo "bueno dura poco", muerta su pariente llegó el juez de paz "hombre de mucha labia / con más leyes que un dotor / me dijo: vos sos menor / y por los años que tienes / no podés manejar bienes / voy a nombrarte un tutor", evidente símbolo de la oligarquía. Entre el juez, el encargao de los bienes y el tutor se quedan con todo lo del gaucho no dejándole "ni un trapo / ni pa el frío, ni pa el calor". El tutor –el Viejo Vizcacha- "que debía enseñarme a trabajar / y darme la educación", era un "gaucho renegao… lleno de camándulas… con empaque a lo toro… siempre andaba retobao", y vivía "en los bañaos como el tero". La educación consistía en medrar junto a los que mandaban: "Hacete amigo del juez / no le des de qué quejarse… nunca le lleves la contra / porque el manda la gavilla"; "el que gana su comida / bueno es que en silencio coma". La moral era no afligirse por nada: "el cerdo vive tan gordo / y se come hasta los hijos".

 

En Picardía, el hijo del sargento Cruz, muestra el destino del criollo que malvive como jugador ventajero y elemento de comité porque se le dijo que era hijo de un bandido; pero cuando supo que su padre "era el guapo sargento cruz… que yendo con una partida / había jugado la vida / por defender a un valiente… / juré tener enmienda / y lo conseguí de veras, / puedo decir ande quiera / que si faltas he tenido / de todo me he corregido / dende que supe quién era".

 

En contraposición con los consejos del Viejo Vizcacha, Martín Fierro da consejos morales a sus hijos y al hijo de Cruz: "los hermanos sean unido… / que si entre ellos pelean / los devoran los de afuera"; se lamenta que "naides toma a pecho / el defender a su raza", aunque tiene la certeza que "han de concluir algún día / estos enriedos malditos". No por los politicos falsamente amigos del pueblo: "de nuestros males / hablan mucho los puebleros", pero "aumentan el fandango / los que están,  como el chimango / sobre el cuero y dando gritos". Debe ser obra del pueblo mismo, "que el fuego pa calentar / debe ir siempre por debajo". Alienta por boca de Cruz una promesa mesiánica en la restauración de la Argentina: "Y dejo rodar la bola / que algún día ha’e parar / tiene el gaucho que aguantar / hasta que lo trague el hoyo / o hasta que venga algún criollo / en esta tierra a mandar".

 

José María Rosa

 

(José María Rosa, Historia Argentina t. VIII, Buenos Aires, Editorial Oriente, 1974 )